La chica del espejo agachó la cabeza hacia el cuenco formado por sus manos echándose agua en la cara. Gilipollas. El rímel le resbalaba por las mejillas y el pintalabios le manchaba bastante la boca. Es imbécil. Sonrió a su reflejo ante la idea de parecerse a alguna heroína romántica de bajón en aquel momento. Cogió papel higiénico para limpiarse los ojos y, haciendo una doblez, los labios. Comenzó a quitarse el resto de maquillaje con jabón y por último se peinó con los dedos buscando un estilo rebelde, mirándose a los ojos ante la posibilidad de encontrar alguna leve sombra bajo ellos.
Suspiró.
Buscó en su bolso las llaves del coche pero no llegó a marcharse. Lo pensó mejor. Volvió a colorearse los labios, limpió un poco las gafas, y entonces sí, se marchó a casa. Mantuvo la radio del coche apagada, conduciendo en silencio y con la mente en blanco.
Cabrón.

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